Cultura                                                                                                                                             

Oficios

Agricultura y otros oficios

PRIMERA COSECHA DE LA COLONIA GRAL ALVEAR EN ENTRE RÍOS

Llegó la primera cosecha para nuestra gente, se había desmontado campos vírgenes y era la hora de comenzar con esta epopeya en las llanuras entrerrianas, en ese frío invierno de 1.878.  En el departamento Diamante el año anterior se habían sembrado solo 12 hectáreas de trigo, con la llegada de los alemanes había marcadas expectativas por superar ampliamente las superficies a sembrar. Y esto ocurrió. .En este año, en las precarias condiciones, utilizando arado de mancera muy rudimentario con terminaciones de madera, posteriormente llegado el momento de cosechar se cortaba el trigo con la hoz y amontonada con un antiquísimo sistema manual ante la falta de orquillas, mediante un bastón con un tiento o un lazo en la punta , que al ser pasado por debajo de la gavilla o montón de trigo, se pasaba luego el tiento de cuero por encima para sujetarlo al bastón, quedando así aprisionado el cereal para ser conducido sobre la cabeza del carro o simple cuero para llevarlo a la parva; aún no existían bolsas para envasar el cereal, simplemente se cosían con cueros. De esta manera nuestros colonos volvieron a las mas rudimentarias técnicas de la agricultura que habían utilizado décadas atrás en el volga. El éxito fue total, el gobierno nacional ya pudo dejar de suministrar harina a los colonos en el año 1.879, por haber ellos cosechado su propio trigo para elaborar el pan. Los primero arados fueron muy primitivos y se dice que en estas aldeas se fabricó el primer arado de mancera.
La primera siembra arrojo un saldo favorable de aproximadamente 400 hectáreas sembradas, duplicándose el año siguiente. En los rostros y manos de nuestros antepasados vemos esas arrugas, testigos del trabajo y el esfuerzo. Ellos construyeron sus casas, edificios públicos, Iglesias, criaron a sus hijos, progresaron y siempre tenían presente pagar “Las Contribuciones”. No conocían despachos de gobernantes, nunca pidieron nada al Estado, estaban muy agradecidos por estar en este suelo de paz donde podían trabajar libremente. Nunca vivieron de dadivas y tenían la gran pasión de hacer.

Gracias abuelos por legarnos esta rica historia, gracias por tantos ejemplos. Hoy podemos contar con orgullo esta gran obra en la República Argentina. Gracias por enseñarnos a vivir en el trabajo, el amor familiar y la palabra de Dios.

Las terribles langostas

Don Antonio Leonhardt relata los daños de esta plaga en la agricultura. Llegaban en invierno y a la mañana estaban heladas, parecían estar muertas, pero apenas calentaba un poco el sol nuevamente emprendían su camino destructivo. Mas o menos pasaba un mes desde la llegada de la langosta hasta que emprendían el regreso.
Uno de los principales problemas para la agricultura era la aparición de las langostas. Venían siete años seguidos y otros tantos años faltaban; esto se repetía cíclicamente.
En aquel entonces no había veneno para matarlos; las langostas venían, comían y volaban. Después venía el desove; luego venían las saltonas. A veces se las combatían con chapas langosteras; se hacían bretes a los que entraban las saltonas y morían. Después también con el lanzallamas en el lino; a la mañana temprano antes que calentara el sol estaban arriba; entonces se las quemaba porque eran manchones y así se las combatía.
La gente se preparaba para la llegada de la langosta; los años en que venían se sembraba poco maíz; se lo tenía para los animales de corral. Se sacaba temprano y se lo ponía en los techos para secarlo y luego pasarlo después a la desgranadora.
Decía don Antonio: Yo me acuerdo que estaba en el techo y venían las mangas y se oscurecía el sol; eso no me lo olvido nunca. Yo gritaba: “mamá vienen las langostas”. Pasaban por el patio y dejaban todo pelado, no quedaba nada.
A fines de la década del 40 se fue exterminando esta plaga. Nuestro país celebro un compromiso con Paraguay y Brasil para combatirlas en conjunto. Entre los métodos era perseguirlas y acorralarlas con chapas de barrera (chapa lisa de 40 cm de alto por 350 cm de largo), quemarlas con lanzallamas o embolsarlas y llevarlas a un lugar donde las recibía un delegado de distrito para quemarlas. Este delegado recibía del gobierno dinero para pagar a aquellos que cazaban las langostas pagando por peso. También tenía barriles de combustibles y lanzallamas para entregar a los campesinos..

 

Los oficios en las aldeas y colonias

El Herrero

Ejercía ese oficio una persona generalmente robusta, con brazos musculosos, manos grandes y fuertes. Su rostro curtido evidenciaba signos que a temprana edad dejaban los sinsabores de la vida.
En su taller, un reducido ambiente con paredes de adobe, techo de chapa, ahumado, con amplias puertas y ventanas sin postigos.
En invierno, ya de madrugada, se veía el fuego en su taller y se oía el canto del yunque, campana anunciadora del trabajo, hora en que también la comunidad ya enia prontas sus huestes para iniciar la tarea diaria, titánica jornada en las ávidas y feraces tierras de cultivo.
En su fragua chisporroteaban los encendidos carbones cuando la combustión era alentada con el aire de un rustico fuelle que se accionaba fácilmente con los movimientos articulados de los balancines. A pasos de la fragua estaba emplazado el yunque, en donde forjaba los hierros.
La mayor actividad se cumplía durante los meses en que los colonos roturaban la tierra y la desmenuzaban luego para la siembra. Estas tareas consistían en dar filo a las rejas de los arados y estirar las puntas de los dientes de la rastra, trabajos que se hacían a golpes sobre el yunque calentadas las piezas al rojo vivo. El ingenio y la práctica, lo hicieron cada vez mas ducho en su oficio. Además de la fabricación de una simple argolla para lazos y otro uso, bocados de frenos, herraduras, bisagras, cerrojos, enrejados, y otras cosas sencillas, sus notables soldaduras, enllantadas en ruedas, herrajes en los primeros carros y termino en atender y reparar mecanismos de nuevos implementos agrícolas, que adquirieron posteriormente los colonos. Por muchos años el oficio de un experto herrero era muy necesario en sus comunidades.

El Carpintero

Al carpintero le sobraban conocimientos en su oficio, pero le faltaban herramientas y materiales para satisfacer las urgentes necesidades que demandaban las nuevas poblaciones en aberturas y muebles más indispensables, sin innovaciones algunas con respecto a los usados en sus aldeas del volga.
Con materiales que pudo adquirir y otros que aportaron los interesados, procuro, con las mas elementales herramientas, conformar con el menor tiempo posible las necesidades mas urgentes de la población.
la necesidad, suele crear destrezas, la que en muchas familias menesterosas, se manifiesto en las circunstancias.
Había que alojarse y con el mínimo moblaje indispensable en la cocina y dormitorios, sin reparar en modelos y comodidades.
Posteriormente, al contar ya con materiales, nuevas herramientas y pinturas, ya mejorado su taller comenzó a fabricar muebles de otros modelos y diseños. Cuando las familias más pudientes edificaron sus nuevas viviendas, suplantando a las de emergencia, con otros estilos arquitectónicos, además de nuevos mubles para la cocina, comedor y dormitorios, mesas, bancos, sillas, camas, baúles, roperos, etc. Se fabricaron también grandes puertas y ventanas con maderas de cedro y marcos de lapacho, de excelente producción en sus estilos, y se colocaron en pisos y cielorrasos de los dormitorios, maderas de pinotea importado.

El Talabartero


En su modesto taller, generalmente un ambiente de su vivienda, rodeado de cuero, como herramientas: un filoso cuchillo, un par de leznas, un martillo, una tenaza, un sacabocado, etc. Ejercía su profesión. Allí además de fabricar las llamadas "pecheras rusas", que aun se usan ideadas en el volga, hacia retrancas, tiros, cabezales, bozales, riendas, bastos, cinchas, maneas, etc. Muy prolijos eran sus trabajos en trenzado con tientos de cuero en lazos y rebenques.
a medida que los primeros colonos aumentaran su ganado caballar, por mayor área de siembra, era este hombre mas exigido en su oficio.
Las familias pudientes usaban para sus caballos "trotadores", que solo tiraban del primoroso carrito liviano cuando salían a pasear o cumplir alguna diligencia, pecheras y demás arneses con los mejores y mas lustrosos cueros. En estas confecciones especiales ponía el talabartero todo su ingenio y esmero.

 

El Zapatero


En su humilde vivienda ocupaba un lugar su sencillo taller, que contaba solo con las mas elementales herramientas manuales en su principio y los materiales indispensables. Su taller no tenia puerta de acceso desde la calle, se llegaba a el por el patio. Además de remiendos y reparaciones de calzados, fabricaba todo a mano, botas, borceguíes y otros calzados rústicos que se usaban mayormente en las labores del campo.

Cuando logro instalar la primera maquina para coser cueros se aventuro a hacer nuevos trabajos, cual la fabricación de calzados comunes para uso diario y zapatos de vestir, tanto para hombres como para mujeres, pero para ambos sexos, con cordones. Para los chicos, hacia zapatillas de cabritilla. Antes de confeccionar el nuevo calzado tomaba las medidas del pie del interesado y esas medidas debían adaptarse a una de las tantas hormas que tenia en su taller.
el zapatero no deja de llenar todavía grandes necesidades en todas las comunidades aldeanas.


 

© 2012 Alemanes del Volga - A.A.D.A.V. Todos los derechos Reservados  - 
Pujol 662 Dto "2" - Capital  - Tel: 4431-9715
Email: fadadav@gmail.com